jueves, 27 de abril de 2017

Sufragio universal... y femenino

Uno de los grandes avances de la II República fue el otorgar el voto femenino desde el principio, en 1931.

Curiosamente dos mujeres que había sido elegidas diputadas se enfrentaron por el asunto. Victoria Kent se negaba a otorgar el voto a las mujeres porque temía que la mujer, influenciada por su marido y por el cura, acabase votando a los partidos de derechas.

Por otro lado, Clara Campoamor alegaba que era una derecho inalienable de la mujer, y que no podía ser condicionado. Finalmente, gano la tesis de esta última, con el apoyo incluso de Gil Robles, líder de la CEDA.

En 1933 ganó las elecciones la CEDA. Se culpó, en parte, al sufragio femenino. Sin embargo, a partir de entonces, cuando se ha otorgado el derecho a voto en España, nunca se ha dudado de que la mujer tiene derecho al mismo.


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